Preguntas Archives

¿Cuántos yoes hay dentro de mí? Creo que muchos y muchos que no conozco.

Darío Jaramillo Agudelo

Tu voz por el teléfono tan cerca y nosotros tan distantes,
tu voz, amor, al otro lado de la línea y yo aquí solo, sin ti, al otro lado de la luna,
tu voz por el teléfono tan cerca, apaciguándome, y tan lejos tú de mí, tan lejos.

Darío Jaramillo Agudelo.

elrelojero a demandé - "de donde es usted, señorita hija del viento?"

Bogotá Colombia. 

Sucede que por la noche, 
cuando este tedio innombrable se petrifica en sueño, 
comienza cada hombre a recordar,
a inventarse un pasado. 
Y mientras el cuerpo busca su acomodo entre las sábanas 
setenta veces siete imágenes 
comienzan a rondarnos.
a emboscarnos en la oscuridad.

—Darío Jaramillo Agudelo

Anonyme a demandé - "Qué extrañas?"

La esperanza.

azurea:

Swimming in the Nene at Tansor (by danielmartinadventure)
malformalady:

Child with right congenital glaucoma and buphthalmos.
transparent-flowers:

Semi-transparent Northern Jungle Queen Stichophthalma camadeva. (x).

La música me lleva de la mano 
por fuera del tiempo y por dentro.

— Darío Jaramillo Agudelo.

Nos hemos vuelto inmunes a la alegría.

Gonzalo Arango.

Estamos huérfanos de héroes, ya no hay vengadores como los de antaño: Vilkens, Di Giovanni, Radowitzky, ¿dónde están ahora? La gente se mata por dos pesos, la policía dispara primero y pregunta después, desbordan las cárceles y los manicomios, pero los tiranos se mueren de viejos… y encima ¿hay que festejar? ¿festejar qué? ¿nuestra desprotección? ¿Nuestra impotencia? Cuántos jóvenes hermosos mueren antes de cumplir 30. Conocí varios y no es algo bonito de ver… muertos por abandono, por drogas, por violencia, por sida, por suicidio… y ¿festejamos que se murió Videla de muerte natural a los 87, en qué nos hemos convertido?.

Tomas Nochteff.

Hola soledad

Bienvenida, vieja amiga, te creí ausente y aquí estabas escondida, 
confundida conmigo; bienvenida, ahora que te veo, bienvenida a 
tu más propia casa, el latido de mi sangre,
a ti te acojo en el tiempo largo del poema, en el suave sueño, 
en el hormigueo de mi mano izquierda, báñate conmigo, 
una ducha caliente que golpee la espalda, 
—ah, desnudos sí, que tú y yo somos uno solo—,
préstame una de tus camisas blancas de algodón,
ven, tomemos café, sin azúcar: así lo bebo solamente contigo,
amiga, ladilla, sombra, y fumemos viendo el cambio de color de la montaña, 
fúndete conmigo para que pueda mirar cómo amanece,
ven cántame una canción, aguántame la risa de gozarte hasta el tuétano, 
generosa mía, llévame así, apacible, a este o aquel libro, 
deja que te lea en voz alta y dime si te aburres,
vuélvete música, almohada; convierte, maga, tu sustancia en humo, 
en el umbral de las visiones, liba conmigo la euforia santa del silencio,
alucina, muchacha de mi vida, y cuenta tu cuento mientras yo, 
torpe, tomo tu dictado: tacha siempre toda espera o esperanza,
que no sienta el tiempo, y baila conmigo la danza de la sonrisa en 
el ojo de la mente hasta caer, inesperadamente juntos, fulminados.

Darío Jaramillo Agudelo.